Este nuevo año me acaba de regalar una historia deliciosa. La de la fotógrafa de la foto que he puesto arriba. Echadle un ojo a este link y disfrutad con la belleza de las instantáneas de Vivian Mayer, una mujer nacida en 1926 cuyas maravillosas fotografías fueron descubiertas por casualidad en 2007. La persona que las descubrió nunca pudo contactar con ella, y al poner en Google su nombre, lo único que apareció fue la esquela que comunicaba su fallecimiento. Hoy ya se prepara un documental sobre ella y hay varios blogs que muestran algunas de sus imágenes.
Hay un potencial infinito en la gente que nos rodea (y en nosotros mismos). Dediquemos este 2011 a descubrirlo.
Dicen que estas fechas son demasiado dulces, empalagosas, y que están llenas de hipocresía y falsedad. Que deseamos felices fiestas al vecino del segundo al que no soportamos, que nos emborrachamos con los compañeros del trabajo a los que día a día ponemos verdes, que hacemos regalos sin sentimiento, que a todo el mundo le importa un pito el verdadero sentido de esta época. Pero digo yo que más vale una vez al año de buenas intenciones, buenas palabras y sonrisas, que ninguna. Más vale ir a una cena que no te apetece un carajo y descubrir que esa compañera que tiene cara de boba es un encanto que quedarse en casa haciendo lo mismo de siempre. Vale más ilusionarse juntos por un día soñando con que quizás mañana seamos ricos que pasar de largo y no saber en qué está pensando el otro. Porque digo yo que a nadie le amarga un dulce y, aunque ese dulce venga como regalo obligado por las circunstancias, sabe igual de bien. Así que, por todo eso, me declaro partidaria de la Navidad (entiéndase como concepto que abarca hasta el día de Reyes) y de todas las convenciones que trae consigo. Digamos que es lo mismo que el carnet por puntos: si no nos obligan a ir más despacio, aunque sepamos que es lo correcto, seguiremos corriendo. Paremos, pues, y miremos a nuestro alrededor. Sonriamos aunque estemos muertos de frío y sueño y lo mismo ese gesto nos transpasa la cara y nos calienta un poco el alma.
Así que, Feliz Navidad. Y creas o no creas en Dios, nunca dejes de creer en los demás y en tí mismo que, al fin y al cabo, viene a ser lo mismo.
Gardner desarrolló la teoría de la inteligencia múltiple, según la cual todos poseemos una serie de inteligencias más o menos desarrolladas que condicionan aquello para lo que tenemos facilidad y aquello que nos cuesta más esfuerzo. En mi caso, creo que la inteligencia predominante es la lingüística, si bien es cierto que hay otras dos o tres que tengo también más desarrolladas que la naturalista, por ejemplo. Y desde luego, hay una que no está apenas desarrollada en mí que es la kinestética, o la inteligencia asociada al movimiento. Quienes me conocen desde hace tiempo saben que nunca he sido buena en deporte, si bien soy bastante constante y gracias a eso logro suplir las muchas carencias que tengo en ese área. Pero últimamente estoy cambiando y desarrollando esa parte de mí que tenía adormecida gracias al baile. Y creo que es algo que deberíamos intentar todos. Porque es comodísimo profundizar en lo que nos gusta y nos resulta sencillo, pero lo que de verdad le llena a uno es ver cuánto puede avanzar todavía en campos en los que creía que la batalla estaba perdida.
Me cuesta mucho esfuerzo bailar, memorizar los pasos, no confundir unas coreografías con otras, pero salgo de mi única clase semanal de funky con una energía que no tengo, por ejemplo, cuando aprendo Inglés, si bien esto último es algo que disfruto enormemente. Pero creo que en la vida hay que afrontar los retos, ser valiente y atreverse a mejorar eso que nos da vergüenza, y lo mismo nos llevamos una sorpresa. Bueno, y de paso os dejo por aquí un video de Fama que me encanta por el sentimiento que transmiten todos los bailarines y por lo positiva que es la letra de la canción. ¡Espero que os guste!
Este mundo, este país, se construye gracias al sueño de todos los que lo habitamos. Y no hablo del sueño que se tiene con los ojos cerrados, sino del que se arrastra con los ojos abiertos. De ese sueño provocado por enlazar dos trabajos y hacer encaje de bolillos para ver también a los niños, aunque sea un rato; el sueño que se arrastra de una semana a otra y a otra, porque uno no da abasto con el marido enfermo y la nieta que aún no supera el año a la que los padres no pueden cuidar porque trabajan de ocho a ocho. El sueño de las madres trabajadoras que se quedan despiertas hasta la una de la mañana cocinando para que los suyos coman caliente al día siguiente, a pesar de que ellas se tienen que resignar al dichoso sandwich de jamón de todos los días. Y arrastrando ese sueño vivimos, trabajamos... y soñamos despiertos con el día en que el sueño se quede en la cama.
Creo que es eso lo que necesito: ficción. Historias de pasiones, crímenes, dolor, fuego, heroismo... que se acaban cuando cierras el libro (o sales del cine). Estoy hasta arriba de teorías, de realidades, de cotidianidad, de todos somos iguales. Y sí, es cierto, todos somos iguales. Al fin y al cabo nuestras necesidades fisiológicas y emocionales varían lo justo de una persona a otra, y lo mismo pasa con nuestras historias personales... En cambio en las pelis, en los libros, la gente sale a la calle como si fueran los primeros del mundo en hacerlo, tan ideales ellos, y con esa música de fondo tan estupenda. Sufren, como si fueran las únicas personas en el mundo que sienten dolor y lloran como si con cada lágrima se vaciara un poco su alma. Es más o menos lo mismo que sentimos cuando somos adolescentes, momento en el que nos sentimos observados por la dichosa "audiencia imaginaria", antes de darnos cuenta de que cada uno no se preocupa más que de su propio ombligo. Pero yo, hoy en día, estoy en una época tan racional de mi vida que cuando veo una peli la contrasto mentalmente con las posibilidades que existen de que eso pasara en la realidad. Como si fuera de eso la cosa. Como si no necesitáramos creernos especiales, como si no fuéramos seres sociales, ávidos de historias de tiempos y de personas mejores...
Así que entre mis próximos planes está retrotraerme, aunque sea sólo durante un día, a esa época de cambios hormonales y consecuentes granos en la que nos creíamos los reyes del universo (o por lo menos sus príncipes) y todos los poemas hablaban de nosotros. Se aceptan compañeros de viaje.
I was thinking about... songs I love to sing while I drive
Últimamente la vida me tiene hartita de cosas serias e importantes, así que, para compensar, estoy en modo música intrascendente. Y es que es muchísimo más fácil empezar con una sonrisa el día si piensas que "tonight's gonna be a good night" y cantas a todo trapo "if you fall for me, I'm not easy to please" mientras el DJ prepara a Lady Gaga para que te deleite con su "Alehandro, Alehandro, Ale, Alehandro" y a "El Pescao" (juro que hay un cantante que ha elegido voluntariamente eso como nombre artístico) para que te cante con buen rollito que sólo tiene que hacer "un castillo de arena bajo tus pies" (¿?¿?¿?). Sí, definitivamente, me encantan los 40. Y no es irónico, de verdad que me encanta la música ligera y fácil de cantar y bailar. Lo que me preocupa es que ése sea el único tipo de música que nos llega a través de la radio... Porque estar en modo intrascendente es maravilloso, pero vivir de ese modo 24/7 tiende a preocupante.
Puede que no te guste el baile. Aunque el baile es un concepto tan amplio que es casi imposible no sentirse atraído o no admirar alguno de los muchos estilos que existen. Pero lo que es seguro es que el ojo humano es sensible a lo bello, a lo perfecto. Y el vídeo que os he puesto arriba es la perfección llevada a cabo por niñas de no más de trece años que realizan una coreografía que, por primera vez en mi vida, me ha puesto los pelos de punta. Ya sólo por eso merece la pena poner este vídeo por aquí para compartirlo con vosotros. Aunque no os guste el baile, probad a darle al play y disfrutad de su belleza durante unos segundos... no creo que luego queráis dejar de verlo.
PD: Gracias a Araceli, que compartió esta maravilla a través de Facebook