Enjoy!
P.D.: Estos textos no tendrán título porque no son relatos inventados libremente por mí y les falta, por tanto el componente de unión sentimental que me permitiría darles un nombre apropiado.
P.D.2: Mil gracias por los comentarios y el apoyo, espero estar a la altura!
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La persiana está bajada. Es fácil saberlo porque los sonidos de la calle, tan sólo dos pisos más abajo, se escuchan lejanos.
El despertador ha sonado hace tiempo y, con esfuerzo, me decido a levantarme. Hace calor, demasiado. La costumbre de dormir desnuda me ha salvado, una vez más, de morir por asfixia.
El tacto de mis pies contra el frío suelo me consuela. Una décima parte de mi cuerpo vuelve a tener temperatura humana.
Hoy hará calor. Todo el día. Así que busco en la zona derecha de mi armario, la zona de la ropa de verano. Paso los dedos por los suaves vestidos de lino, transparentes, dicen. A continuación, algunos pantalones de algodón, clasificados por colores. Los de la derecha más claros que los de la izquierda. Voy palpando las indicaciones de las etiquetas: falda rosa, camisa azul, pantalón blanco.
Siempre me gustó la combinación del blanco y el azul.
Me decido.
Es complicado, pero el tiempo a oscuras ha agudizado mis sentidos y ya apenas me confundo de pernera.
La tela de los pantalones se desliza, amable, por mi piel recalentada. Carlos dice que me sientan muy bien.
Antes de ponerme la camisa, la censura del sujetador. Sé que la azul se transparenta mucho.
El cierre del sujetador fue lo que más me costó al principio, pero después de tanto tiempo ya no se me resiste. Noto cómo los aros se me clavan bajo el pecho y escucho la voz de mi madre: deberías quitárselos, he leído que favorecen el cáncer de mama.
Ojalá pudiera hacerlo.
En cuanto me abrocho la camisa, siento cómo mi transpiración aumenta. Sé que se empiezan a notar pequeñas marcas oscuras bajo las axilas, justo donde la tela se pega a mi piel.
Abro la persiana y el calor que baña mis mejillas me indica que ya ha salido el sol.
Ojalá pudiera verlo.


