viernes, 16 de noviembre de 2007

Happy ending

I was thinking about... Mika

Para empezar el fin de semana, una canción preciosa de un artista que no deja indiferente a nadie. Pero más que por la música, os pongo el vídeo por la magia que transmite. Merece la pena, os lo aseguro, aunque no os guste Mika.
Que lo disfrutéis.
Sed felices, sea lo que sea lo que entendéis por felicidad.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Hojas


I was thinking about... autumn leaves.

Puede que un día, en mitad de un otoño perezoso y cálido que se niega a asumir su condición de estación previa al invierno, te veas sorprendida por una lluvia de hojas amarillas. Y que de repente el tiempo se detenga y ya no te importe que la mochila pese hoy un poco más que ayer, ni que tus ojos escuezan de sueño. Te paras bajo unos árboles a los que hasta entonces no habías prestado la menor atención y dejas que la lluvia de hojas te roce suavemente, mientras el viento acaricia la madera de unas ramas cada vez más desnudas.
Y entonces la brisa se para. Vuelve el ruido de los coches y te escuchas a tí misma diciendo 'Venga, vamos' a la amiga que está a tu lado y que se ha quedado igual de pasmada que tú y reanudáis la marcha hacia la puerta de tu Facultad y piensas que puede que el otoño no esté tan mal después de todo.

martes, 13 de noviembre de 2007

Ejercicio nº 6

Aquí tenéis el siguiente ejercicio del curso.
En esta ocasión se trataba de reinventar la fábula del cuervo, la zorra y el queso.
Otra vez, inspiración la justa. Cuando se me encorseta de esta manera, encuentro difícil expresarme como me gustaría y transmitir algo al lector.
Vuestras opiniones son bienvenidas, como siempre, pero reitero mi petición de que no me juzguéis por estos ejercicios semanales.... :S
Un besote!

El cuervo llevaba días vigilando la madriguera de la ardilla, que semana tras semana se iba llenando con todo tipo de víveres que el animalito estaba recolectando para poder sobrevivir en el frío invierno. El cuervo se relamía, oculto entre el follaje de los árboles, y reía para sí, pensando en el festín gratuito que se iba a dar en cuanto el pequeño roedor se despistara.
Llegó por fin la mañana en que la inocente criatura, creyendo haber almacenado suficiente comida para todo el invierno, decidió salir a dar una vuelta con sus pequeñines, momento que aprovechó el ave para colarse en el agujero y robar un pedazo de queso que guardó en su pico para transportarlo lo más lejos posible del lugar del delito.
Cuando llegó a un lugar suficientemente tranquilo, se posó en la rama de un frondoso pino y, justo cuando se disponía a depositar su mercancía en una de las ramas más anchas para poder deleitarse en el fruto de su hazaña, oyó una voz que le llamaba desde el suelo.
Aterrado ante la posibilidad de que pudiera tratarse de la ardilla reclamando lo que era suyo, el cuervo mantuvo el pico bien cerrado y miró hacia abajo. Pero lo que allí encontró no fue una ardilla, sino un pequeño zorro rojizo, que le decía con voz melosa:
-¡Buenos días, señor cuervo!¡Qué hermoso estáis hoy! ¡Destacáis sin duda sobre todas las demás aves de este bosque!¡En mi vida he visto plumaje tan brillante como el suyo!
El cuervo callaba, guardando celosamente en el pico su preciada mercancía.
- Me juego la pata trasera - continuó el zorro- a que vuestro canto también supera con creces el de cualquier otro pájaro de los alrededores.
Ante tanta adulación el cuervo fue incapaz de contenerse y se dispuso a demostrar la belleza de su voz con una serie de graznidos. Pero hete aquí que los halagos le habían nublado el entendimiento y el tesoro que había guardado con tanto mimo en la boca, cayó directamente a los pies del astuto zorro que, agarrando el suculento manjar con un rápido movimiento de su zarpa, emprendió la huida mientras gritaba:
-¡Ay de tí, ladronzuelo inexperto! ¡Harás bien en no volver a confiar en los halagos gratuitos de nadie!

domingo, 11 de noviembre de 2007

Ángeles


I was thinking about... good people

Acabo de volver del campamento en el que he estado con los chicos del voluntariado.
Han sido 3 días (todo el puente) en un albergue cerca de Urda, un pueblo de Toledo. 17 chicos y 5 voluntarios. Y una experiencia absolutamente inolvidable.
Pero no quiero ponerme a glosar aquí todo lo que hemos hecho, a dónde hemos ido, qué canciones hemos cantado (grandes canciones, por cierto :D) y todo ese tipo de cosas que harían de esta entrada una más en el apartado de crónicas. Quiero hablaros de la gente.

Como muchos sabéis, he llevado prácticamente todos los días desde este verano un cascabel al cuello que supuestamente era un llamador de ángeles, en concreto del ángel de la guarda ( creo que deberías saber que a los dos días de comprármelo me rompí el pie, pero esa es otra historia).
El caso es que el primer día en el albergue fuimos a pasear por los alrededores y, sin darme cuenta, perdí el dichoso colgante al que, a pesar de todo, tenía bastante cariño.
Perdí a mi ángel de la guarda, por lo tanto. Y en el mismo momento encontré a 21.
Os aseguro que la de este campamento ha sido la experiencia definitiva en la confirmación de mi fe en la raza humana.
Ni puedo ni quiero detallar todo lo que me ha llevado a sacar esa conclusión. Baste decir que, desde hoy, sé que por muy negras que se pongan las cosas, la cantidad de humanidad y bondad que he presenciado durante estos días me servirán como luz inextinguible y calor inagotable para seguir adelante, pase lo que pase.
Me acompañará siempre, como presencia intangible que hará innecesario cualquier tipo de cascabel, la certeza de que existen las almas nobles y de que muchas de ellas están donde menos nos atrevemos a buscarlas y la seguridad de que, mires donde mires, el mundo está lleno de ángeles.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Tarde


I was thinking about... poets

Como tantas otras veces, la idea de hacer una foto al graffitti también llegó tarde.
Me explico: resulta que en mi barrio vive un poeta anónimo con un bote de spray rojo con el que deja retazos de poesía en las paredes.
Primero fue Amélie en la pared de la boca de Metro: "Sans toi, les émotions d'ajourd'hui ne seraient que la peau morte des émotions d'autrefois" ( sin tí, las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las emociones pasadas). Y todos los días, al ir a la universidad y pasar por delante, la mañana era algo menos gris porque el graffitti era la prueba definitiva de que aún quedan un par de románticos en Madrid.
Pero los empleados de la Comunidad tienen el espíritu poético bajo mínimos, con lo que a los dos meses o así el graffitti desapareció del muro que adornaba, muro bajo el cual dormía un mendigo que despertaba en mí la cursi metáfora de "dormir al calor de las palabras".
Aún así, tras esta primera derrota, mi poeta favorito no se dio por vencido, ni mucho menos. A los pocos días de que su pintada desapareciera de la pared, apareció una nueva, con el mismo color rojo sangre y la misma letra torpe: "Y al sonreír me has hecho otra vez soñar".
Y durante meses estuvo adornando el feo muro gris de una casa de viviendas, como silenciosa reivindicación del espíritu soñador que tanto hace falta.
Día tras día, cada vez que volvía de la universidad y mis ojos se paraban sobre el verso que se sabían de memoria, el sol de la tarde brillaba un poquito más.
Y siempre, la mosca detrás de la oreja. El miedo cada día de que la frase hubiera desaparecido bajo la pintura gris de algún desalmado. Y la firme decisión: Mañana traigo la cámara y lo fotografío. Claro que mis firmes decisiones tienen de firme más bien poco.
Así pasaban los días. Sin pensar en el poeta más que cuando estaba a unos pocos metros de la esquina, en la que la presencia de la frase se me antojaba necesaria para seguir respirando.
Hasta hace dos días en que la frase dejó de estar. Y mi proyecto de foto se fue al garete.
Si bien es verdad que de tanto mirarla, conservo en mi cabeza una representación absolutamente fiel de la frase que veré ya siempre en esa esquina. Por mucho que la pared se empeñe en demostrarme, con su gris terquedad, que mi poeta y sus frases ya son historia.

martes, 6 de noviembre de 2007

Ejercicio nº 5

Por fin, aunque un poco tarde, el quinto ejercicio.
Aviso: es desastroso.
Era otro ejercicio de descripción sobre una foto en concreto, que tenéis al comienzo final de la entrada. [Edición posterior: la descripción tenía que transmitir tristeza o alegría]
Mi idea era colgar la foto al final del texto para que, después de leer la descripción, compararáis el paisaje mental que os habiáis hecho con el paisaje que yo tomé como base, pero, dada mi inutilidad con los ordenadores, la colgaré al principio [ya ta, corregido ;)]. Aún así, si podéis, os recomiendo que no miréis muy atentamente la foto y hagáis ese ejercicio mental para poder luego criticarme a gusto y con buenos argumentos (que os aseguro que encontraréis).
Bueno, pues ahí va. Quede dicho que he luchado largo y tendido contra mi yo más cobarde que se empeñaba en decirme que no lo colgara para no arruinar definitivamente mi imagen de escritora decente.
En fin, a lo hecho, pecho.
Enjoy!

La madera de las barcas blancas y azules se pudre día tras día en un agua tranquila y verde. Los restos de la aldea se asoman, osados, hasta el borde mismo del mar, donde lo rodean como tentáculos, ahogando la vida en su abrazo inerte.
A lo lejos, las ruinas de una fortaleza presiden la escena desde una colina adornada con desgana por un ejército de árboles polvorientos que se ve de vez en cuando interrumpido por las ruinas de un cansado muro de piedra.
Las ventanas sin cristales de las casas cercanas a la orilla son como ojos sin vida. Su pintura blanca muestra avergonzada algunos desconchones, como marcas sin sentido en la piel de viejos lobos de mar que se pudren en tierra.
Aún queda una palmera a modo de recuerdo de la esencia tropical de la isla. Erguida con porte orgulloso sobre el paisaje de ruinas y desolación, reivindica una alegría que las piedras mudas rechazan con su obstinado silencio.
Al borde del mar, una pobre techumbre rojiza da cobijo a los últimos habitantes de la aldea que huyen del sol abrasador. Y los plásticos azules de las barcas pierden bajo su efecto poco a poco su color...

sábado, 3 de noviembre de 2007

Silent beats

I was thinking about... extraordinary good short films.

Aquí tenéis una pequeña joya que encontré hace tiempo en YouTube.

Es un corto (ganador del Princess Grace Award) sobre las primeras impresiones.
No se habla ni una sola palabra en los cinco minutos que dura; su mensaje es absolutamente universal.
Merece la pena que le echéis un vistazo y luego, si os animáis, me comentéis qué os parece. A mí me impactó muchísimo.
El título en inglés es "Silent Beats", que en español vendría a ser golpes o latidos silenciosos.
Espero que os guste.