sábado, 3 de noviembre de 2007
Silent beats
Aquí tenéis una pequeña joya que encontré hace tiempo en YouTube.
Es un corto (ganador del Princess Grace Award) sobre las primeras impresiones.
No se habla ni una sola palabra en los cinco minutos que dura; su mensaje es absolutamente universal.
Merece la pena que le echéis un vistazo y luego, si os animáis, me comentéis qué os parece. A mí me impactó muchísimo.
El título en inglés es "Silent Beats", que en español vendría a ser golpes o latidos silenciosos.
Espero que os guste.
martes, 30 de octubre de 2007
Ejercicio nº 4
Bueno, bueno. Otra vez martes.
Y aquí tenéis mi cuarto ejercicio.
Esta vez se trataba de hacer una descripción "puramente física" de un gesto ante el espejo, "eludiendo cualquier consideración reflexiva acerca de lo que se está observando". El trabajo ha resultado bastante complicado: los que ya conocéis mi forma de escribir sabréis que no me detengo demasiado en descripciones, voy más al grano, con lo que un texto exclusivamente descriptivo ha supuesto, cuanto menos, un reto.
Os dejo que juzguéis vosotros mismos el resultado. Como siempre, me encantará leer vuestros comentarios a la entrada, ya sean positivos o negativos.
Enjoy!
El perfil de Ana es claramente distinto al que dejó de recuerdo en el azogue hace unos meses.
Sus enormes ojos negros llevan tiempo ensombrecidos por ojeras ya imposibles de disimular que confieren a su mirada el aire distante y triste de quien ha vivido suficiente.
Pero el resto de su piel sigue joven, pálida, a veces casi transparente cuando alguna vena azul se pega contra la superficie.
Si se mira con atención, aún puede reconocer las marcas del bikini del verano pasado. Son, quizás, lo que menos ha cambiado desde la última vez que se atrevió a mirarse al espejo.
Los pechos, sin embargo, han duplicado su tamaño, luciendo ahora una rotunda turgencia que no deja de sorprenderle.
Y el vientre.. Sus jóvenes manos acarician esa nueva curva que se ha formado por encima del corte de sus piernas y que apenas le permite intuir el comienzo del vello púbico. Una redondez perfecta que tersa su piel haciéndola brillar con los primeros rayos de la mañana. Las manos se resisten a separarse de la novedad mientras su mirada sigue recorriendo el reflejo en busca de más cambios.
Sus brazos y piernas están claramente más robustos. Se ve más mujer.
Y sin embargo, su cara sigue siendo tan de niña.
Cuando, finalmente, sus ojos vuelven a encontrarse con los de su gemela en el espejo, no puede evitar esbozar una amarga sonrisa que acentúa aún más las sombras de su mirada. Y el segundo que dura un parpadeo es suficiente para liberar el mar agazapado tras las pestañas.
viernes, 26 de octubre de 2007
Dani vs Sergi
Sergi y su estupidez llenando titulares, portadas y páginas y páginas de periódicos.
Y por el otro lado tenemos a Dani.
Valenciano, estudiante del último curso de Derecho. 23 años.
El martes, cuando iba camino de la Facultad, presenció una pelea entre un hombre y una mujer en la que ella estaba siendo agredida. Decidió intervenir, al contrario de lo que la mayoría habría(mos) hecho. Recibió un puñetazo en el cuello como recompensa a su valentía que le hizo desplomarse al suelo y golpearse la cabeza.
Dani permaneció en coma durante tres días. Y al tercero falleció. Por eso tenemos que hablar de él en pasado.
Su agresor puede que sea procesado por homicidio imprudente. Pero puede que no.
Dani y su historia no han ocupado esta semana más de media página en algún que otro periódico. Y dudo que hallan sido siquiera mencionados en los titulares televisivos.
Que alguien me explique por qué este héroe no llena las primeras páginas de los periódicos. Por qué no se difunde a bombo y platillo la noticia de que aún queda gente buena. Por qué, en definitiva, se presta más atención a la maldad que a la bondad.
Sí, está claro que el morbo vende más. Que la historia de un desgraciado es más mediática que la de un valiente.
Pero... ¿por qué?
miércoles, 24 de octubre de 2007
Regalo
Aquí tenéis un pequeño regalo de mí pa' vosotros. Para alegraros la semanita y hacer más llevaderos los últimos días antes del fin de semana.
El vídeo mezcla a la perfección la magia de la música con la de las sombras.
Espero que os guste.
martes, 23 de octubre de 2007
Ejercicio nº 3
¡Que lo disfrutéis!
P.D.: Me interesan mucho vuestros comentarios al respecto así que no seáis vagos y comentadme qué os ha parecido, porfa!
Tres años después, Elisa dormía todavía. Y las noches que le dejaban, Alberto dormía a su lado con la mano metida bajo las sábanas, sintiendo ese tibio cuerpo que hacía tanto tiempo había sido suyo. A pesar de que la Elisa de la que se enamoró no tenía nada que ver con la Elisa dormida, cuando Alberto, en las noches de insomnio solitario, pasaba la cabeza por la almohada de la durmiente, seguía percibiendo ese perfume indescriptible que siempre había emanado su amada.
Esas noches sin sueño eran su peor pesadilla, cuando en el silencio del hospital revivía con los ojos abiertos esa profundidad amarilla que se le había quedado grabada en el alma el día en que Elisa cayó como muerta al suelo. Y habría sido mejor así.
Siempre había pensado que los hombres para los enfermos son como las mujeres para la mecánica: unos completos inútiles.
Y a pesar de todo, ahí seguía él todos los días, sin trabajo, sin amigos y sin familia; solo, con un dolor más profundo que toda su raza.
Desde el principio les habían dicho que la suya era una relación del todo inconsciente. A quién se le ocurría, comentaban, enamorarse de la prometida de su socio masculino. Pero el corazón de Alberto nunca entendió de negocios. Lo que sentía por Elisa era cien veces más profundo que aquello que en su día creyó sentir por las decenas de coristas mantenidas de su bolsillo que pasaron por sus sábanas.
“Coristas” las llamaba, en un guiño a su abuelo, antiguo cabaretero bonaerense y enamoradizo incorregible. Coristas devoradoras del dinero que ahorran. Coristas salvajes, tigresas de noche y damiselas de día que vuelven con el sol para que les laman las heridas.
Alberto vivió sus romances fugaces usando la presencia de su abuelo como escudo contra la conciencia. Pero en cuanto éste faltó, su modo de vida se vino abajo, como peones en un juego de ajedrez mal jugado.
Con Elisa había llegado no sólo la seguridad, sino la decencia: por fin podía salir a la calle con el espíritu limpio, libre de reproches.
Pero tres años de espera eran demasiados.
En silencio, recogió la gabardina cuidadosamente doblada sobre los brazos de la butaca y, sometiendo el clandestino sonido de sus pisadas a la censura de los calcetines, abandonó la habitación de una tal Elisa en busca de sus cabareteras.
Cuando la mujer abrió los ojos, Alberto ya no estaba allí.
viernes, 19 de octubre de 2007
Estupenda

I was thinking about.... solidarity
Claro que si yo fuera heredera de un magnate hotelero de la talla de Barron Hilton, puede que también sintiera la imperiosa necesidad de ayudar a los más necesitados.... haciendo un viaje de cinco días por Ruanda seguida de cerca por un equipo de televisión. Ahí es nada.
Y es que, qué más necesitan esos pobres negritos (que quedan tan bien en las fotos, mucho mejor que los discapacitados) que ser visitados por una celebridad del calibre de Paris. Nada. Está claro. Antes de comer, de beber, de no morir por enfermedades infecciosas plenamente superadas en el primer mundo, antes de todo eso, quieren salir en la tele con Paris Hilton.
Y yo me pregunto qué pensaran las madres de esos niños que probablemente salgan en todos y cada uno de los planos de la solidaria millonaria. Qué les importa a ellas quién sea esa rubia con cara de pato. Qué más les da que haya ahí unos hombres grabando las imágenes que luego se emitirán en todo el mundo.
Déjanos vivir nuestra vida, pensarán. Qué sabes tú de nosotros, de nuestros problemas. Qué pretendes aprender en cinco días.
Pero la omnipotente Paris no quiere aprender, ha dejado bien claro que con este viaje pretende "demostrar a la gente lo duro que trabajo".
Y es que 26 años de excesos y 23 días en la cárcel dan de sobra para ideas tan estupendas como ésta.
jueves, 18 de octubre de 2007
Lefties
Abro con este post una nueva sección en mi blog (la segunda en muy poco tiempo, junto con la de "ejercicios"). La he llamado "colaboraciones" porque, al contrario que la coautora del texto que váis a leer, no tengo ese puntito de chispa que hace falta para poner títulos divertidos a las etiquetas.
Así que aquí lo tenéis, mi primer post conjunto con una gran bloggera, fan también de Carlos Siles, a la que recomiendo siempre que tengo oportunidad. Su blog, para los que estéis interesados es http://www.angeluxi.blogspot.com. Echadle un vistazo porque os aseguro que os váis a echar unas risas...
En cuanto al tema de la entrada, no recuerdo muy bien cómo surgió la idea del post conjunto, pero sí el momento: era por la época en que yo me sentía como un producto de una tienda de tara barata ( por mis problemas de cojera y demás) y en un comentario a una entrada mía, Angeluxi me propuso escribir una entrada conjunta. Y aquí tenéis el resultado.
Aprovecho este post para ofreceros, a todos los que tengáis algo que decir/escribir, que me enviéis vuestras ideas para que esta colaboración sea la primera de muchas más ( y lo digo en serio, me encantaría!!).
Lo dicho, pues. ¡Que la disfrutéis!
Ahí estás tú. Tienes 14 años y los 10 euros de la paga en el bolsillo. Y la puerta del Lefties se abre tentadora ante tus ojos: ¿qué puede haber mejor que encontrar jerséis, zapatos y camisetas por menos de 5€? Aún te sobrará algo para el menú del Burger...
No has entrado nunca, claro, todo lo que sabes sobre esas maravillosas tiendas te lo han contado tus amigas más guays: Tienes que ir, te dicen, es una pasada, mira, yo este vestido me lo compré por dos euros y sólo tiene aquí un descosido, ¿ves? Y ni se nota.
Y tú en la puerta, con todas esas frases en la cabeza y piensas que aquella tienda debe ser el paraíso con el que siempre has soñado: aquel en el que tu paga sirve para comprar algo más que una bolsa de patatas y una entrada de cine...
Cuando entras, por fin, necesitas un momento para entender el orden dentro del caos: por todas partes se amontonan faldas con zapatos y sujetadores. Pero pronto empiezas a hacer lo que hacemos todos en ambientes desconocidos: sigues a la manada.
Así que revuelves en todos los montones, te pegas con quien haya que pegarse, y llegas a la cola de los probadores con un montón de ropa que apenas deja ver tus ojos llenos de avaricia.
Te pruebas camisetas, vestidos, cinturones, pantalones.. cosas que en otras circunstancias habrías pasado por alto, pero es que son tan baratas...
Te decides, por fin, por un par de prendas que más o menos cuadran con tu presupuesto (prescindiendo ya de la merienda en el Burger). Y entonces llega la conciencia: revisas la ropa por todas partes, porque algún fallo tiene que tener, si no no estaría en la tienda...
Pero no. Y entonces caes en la cuenta: la ropa que te estás comprando es la que nadie quiso en un primer momento, la que sobró de las tiendas porque no era suficientemente... ¿estilosa?¿moderna?
Total, que haces la cola de la caja dubitativa, pero al llegar ves que encima te regalan un brillo de labios, o una sombra de ojos (¿tóxica?¿pasada de moda?) y todas tus dudas desaparecen...
Pero también puede ser que seas de las desheredadas. Las parias del patio del recreo, que nunca encuentran nada, pero nada de nada, y al final tienen que terminar comprándose los pantalones en el Zara de niños, con ese espacio para el paquetillo, que evidencia claramente que además están diseñados para un chico.
Nada más entrar, ya percibes el tufillo a humanidad. No quieres ni pensar en cómo tienen que oler los probadores, con toda esa gente quitándose los zapatos. No estás en tu momento más tolerante respecto a las pequeñas miserias de la humanidad, precisamente.Además, sabes que no vas a encontrar nada y que, a la primera de cambio, claudicarás, volviendo a casa con la cabeza gacha, y teniendo que ir a clase al día siguiente con tus pantalones de tío.
Nada te queda bien. Toda la ropa es una "baba". Te marea la música machacona, la estridencia de los colores. A veces entrar en el Stradivarius o el Lefties es como entrar en el local bakala más chungo, o como poner un pie en la antesala del infierno.
Pero, ¿y cómo asumir la derrota?, ¿por qué otras sí y tú no? Debes de ser una impedida del mundillo de los saldos. Mientras que otras parece que tienen un radar para cosillas que dan el pego, tú no haces más que dar vueltas, sin rumbo, por la tienda, tropezando con la ropa tirada por el suelo, y maldiciendo la talla 36.
No, si al final va a resultar que estás hecha para vestirte con ropa de firma, no te fastidia...